Es un placer presentar la primera edición íntegra en castellano de ¡Guerra a la Guerra!, un clásico del anti belicismo global que, por las razones que describiré a continuación, encuentra perfecto acomodo en el catálogo de Sans Soleil Ediciones.

Han pasado cien años desde la firma del armisticio de Compiègne que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Y, durante este siglo, el presente fotolibro ha perdido su urgencia y su voluntad de transfor­mación de la sociedad por medio de una fe radical en la veracidad del medio fotográfico nos resulta hoy ya lejana. En todo este tiempo, las guerras han continuado a lo largo y ancho del globo y nuestra actitud hacia la imagen se ha vuelto sumamente descreída en comparación con la opinión de Ernst Friedrich de que, por medio de la fotografía, obteníamos “el rostro verdadero de la Guerra, de forma objetiva y fiel”. La finalidad original de esta obra, concebida como arma de concien­ciación masiva, no surtió efecto y, en términos prácticos, la atracción que generó durante décadas resulto quizás infructuosa. Sin embargo, ¡Guerra a la Guerra! mantiene intacta su vibrante potencia visual, su desafiante forma de encarar al lector, y la historia de su concepción y publicación, tal y como se expone en el ensayo introductorio de Erica Grossi, sigue siendo verdaderamente fascinante.

Parece sorprendente que un fotolibro como éste, traducido a lo largo de las décadas a docenas de lenguas y reimpreso por millares, no contase aún con una edición en castellano, aunque indudablemente las lagunas del panorama editorial nacional son enormes, y limitados los esfuerzos de recuperación que podemos acometer. Con todo, creo que es importante que esta obra aparezca publicada finalmente en una editorial dedicada prioritariamente a los estudios de la imagen, ya que esto pone el foco en uno de los valores principales y de mayor actua­lidad del trabajo de Ernst Friedrich, el cual, indudablemente, resulta también atractivo en términos históricos, políticos, etc.1. En la actua­lidad, el fotolibro vive un auténtico boom como medio narrativo, en consonancia con la democratización de la fotografía y el auge de la autoedición, fundamentales tras la irrupción de la imagen digi­tal. Pero este dispositivo creativo alcanzó una enorme relevancia y difusión precisamente durante la República de Weimar, un periodo histórico en el que se refinaría la idea del fotoensayo, primando la eficacia de la imagen frente a la palabra escrita y reivindicando el po­tencial comunicativo de la fotografía2. Así, el artista Johannes Mol­zahn alentaba en 1928 a la reflexión de sus contemporáneos desde la tribuna de la revista Das Kunstblatt, con un artículo titulado “Nicht mehr Lesen! Sehen!” [¡Dejad de leer! ¡Mirad!], y cuatro años antes, en la introducción a ¡Guerra a la Guerra!, Friedrich confirmaba que “todas las palabras, de todas las personas, de todos los países de la tierra” no bastaban para dibujar una imagen aproximada de la car­nicería humana que había supuesto la Primera Guerra Mundial, por lo que la fotografía se tornaba entonces un aliado fundamental en esta lucha a escala internacional.

El influjo del trabajo de Friedrich que nos ocupa fue tal que du­rante el periodo de entreguerras podemos localizar distintas obras ins­piradas por su elocuente voluntad epatante. En 1932, por ejemplo, se publicó en Nueva York el fotolibro The Horror of It: Camera Records of War’s Gruesome Glories. Ideada por el pacifista Frederick A. Barber, esta compilación de terribles fotografías bélicas buscaba “acallar las voces de quienes piensan que la guerra es un bálsamo moral, una tra­dición gloriosa, una inspiración para el patriotismo útil o un modo de encaminarnos hacia el progreso humano”3. Entre las imágenes selec­cionadas por Barber, encontramos algunas originalmente publicadas en la versión de 1924 de ¡Guerra a la Guerra!, una labor de reciclaje que se repetirá en multitud de libretos, pasquines y materiales pacifis­tas durante toda la primera mitad del siglo XX, en consonancia con el espíritu internacionalista de Friedrich y con el modo en el que éste completó su obra, mediante la suma de materiales dispersos aportados en ocasiones por particulares. Por poner un ejemplo, en 1934 vio la luz en París un panfleto en seis idiomas editado por la Federación Sindical Internacional, en el que la totalidad de las imágenes pro­venían de los dos volúmenes de ¡Guerra a la Guerra! editados por Friedrich, a las que, sin embargo, se habían añadido nuevos pies de imagen simplificados. Las fotografías que él recopiló constituían la cara oculta del conflicto armado, los materiales que los gobiernos y las agencias propagandísticas habían considerado inaceptables por su extrema dureza y contundencia. Y, una vez publicadas, su difu­sión y reutilización fue imparable.

¡MUESTREN ESTAS IMÁGENES A TODOS AQUÉLLOS QUE AÚN PUEDAN PENSAR!

Se dice que durante los primeros seis meses en el mercado ¡Guerra a la Guerra! vendió treinta y cinco mil ejemplares, alcanzando las diez ediciones en Alemania para el año 1930. Ante este éxito arrollador, y siendo consciente de que su selección fotográfica abarcaba mayormen­te los desmanes del bando germano –por una mera cuestión práctica y de accesibilidad–, Friedrich pronto comenzó a cavilar un segundo vo­lumen en el que se incluirían nuevas fotografías y horrores. La segun­da parte de ¡Guerra a la Guerra! se publicó a finales de 1926, pero no logró alcanzar la fama e influencia del libro original. De hecho, aun­que cuenta con una introducción en cuatro idiomas, las fotografías en este caso tan sólo se acompañan de un pie de imagen en alemán, por lo que el influjo internacional de la obra resultaba claramente inferior. Por esta razón, las numerosas ediciones de ¡Guerra a la Guerra! a lo largo de las décadas, y en diversos idiomas, se han ceñido siempre al primer volumen, cuyo funcionamiento y estructura resulta mucho más inspirado.

En la presente edición hemos seguido este mismo criterio, repro­duciendo íntegramente y de forma casi facsimilar la edición original de 1924, y prescindiendo del segundo volumen. Con todo, es preciso apuntar que entre una y otra edición o reimpresión de ¡Guerra a la Guerra! a menudo se localizan pequeños cambios que, en última ins­tancia, apenas alteran el conjunto. En muchos casos, las diferencias estriban en correcciones ortotipográficas en cualquiera de las cuatro lenguas incluidas, y es que debe tenerse en cuenta que la versión ori­ginal de este libro fue traducida por voluntarios y militantes pacifistas, razón por la cual cada una de las traducciones cuenta con sus parti­cularidades e imprecisiones. En los agradecimientos finales del libro, Friedrich recuerda la colaboración de P. Hoffer y V. Chattopadhyaya para la traducción al francés y al inglés, respectivamente. Lo cierto es que ambas, y en concreto la francesa, se toman ciertas libertades con respecto al texto alemán original, por lo que, a la hora de realizar la inédita traducción al castellano que aquí les presentamos se ha optado por partir del alemán y cotejar las distintas versiones, a fin de conseguir la traducción más completa y fluida posible. Algunos errores ortográficos flagrantes han sido corregidos, aunque, en con­junto, hemos preferido respetar el espíritu y los textos originales en inglés, francés y alemán.

Debe tenerse presente que las fotografías empleadas y publicadas por Friedrich no cuentan con una gran nitidez o resolución, lo cual no resul­ta sorprendente si atendemos a su biografía y a las dificultades a las que tuvo que hacer frente durante los años de elaboración de este proyecto. Al afrontar la presente edición, hemos tratado de conseguir el mejor resultado posible. Y, a nivel de diseño y maquetación, se ha respetado e imitado el aspecto de la edición original, con sus interesantes juegos tipográficos y su dialéctica y juguetona disposición de los textos y las imágenes.

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El debate sobre la ocultación o exhibición de fotografías que den cuenta de los desastres de la guerra sigue vivo aún hoy día4. Y, aun­que en ciertos ámbitos estemos expuestos continuamente a imágenes violentas, el rostro humano y terrible de los conflictos armados –ése que Friedrich expuso con crudeza– perdura como tabú en una socie­dad en la que la guerra parece haberse desmaterializado, mientras la industria armamentística sigue haciendo fortuna gracias a la venta de material de defensa. Desde luego, no es un tema del que se hable

demasiado en las agendas políticas. Aun así, el espíritu combativo e insumiso de Friedrich sigue resultando inspirador, y su mayor obra, ¡Guerra a la Guerra!, se alza como un monumental y monstruoso “retrato consumado de la humanidad”5, engrosando la lista de pen­sadores y artistas que buscaron desmontar esta tremenda farsa, dia­logando, a su modo, con maestros de la talla de Francisco de Goya, Otto Dix o George Grosz.

Por último, quisiera agradecer a Tommy Spree, sobrino de Ernst Friedrich e impulsor de la versión contemporánea del Anti-Kriegs- Museum (AKM) de Berlín, el permiso para realizar esta edición.

Ander Gondra Aguirre (editor y traductor del volumen).

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Notas

1. En este sentido, ¡Guerra a la Guerra! asienta y reafirma una cierta línea edi­torial, de compromiso y análisis crítico de la cultura visual, dialogando con otros títulos de nuestro catálogo como Mi Guerra de István Szegedi Szüts, Mein Kampf ilustrado de Clément Moreau o El efecto Abu Ghraib de Stephen F. Eisenman.

2. Para conocer mejor la importancia del fotolibro durante estos años en Alemania, véase Daniel H. Magilow, The Photography of Crisis: The Photo Essays of Weimar Germany (Pennsylvania: Pennsylvania State Press, 2012) y Pepper Stetler, Stop Reading! Look!: Modern Vision and the Weimar Photographic Book (Michigan: University of Michigan Press, 2015).

3. John M. Kinder, Paying with Their Bodies: American War and the Problem of the Disabled Veteran (Chicago: University of Chicago Press, 2015), p. 233.

4. En el año 2008 se publicó el libro War Surgery in Afghanistan and Iraq: A Series of Cases, 2003–2007, una publicación ideada por varios cirujanos de guerra estadounidenses en la que se incluían más de doscientas cincuenta impactantes fotografías a todo color de militares y civiles con gravísimas heridas y amputaciones. La finalidad de este libro, cuya iniciativa surge en el propio seno del ejército, era puramente científica: exponer los procedi­mientos técnicos necesarios para que futuros cirujanos puedan ayudar a los damnificados. Pero, en el momento de su aparición, fueron varias las voces que consideraron inapropiada su publicación, tratando de censurarlo bajo el argumento de que semejantes imágenes minarían los apoyos públicos a la guerra y, en concreto, a las intervenciones estadounidenses en Afganistán e Irak. Ante esta disputa, varios investigadores han señalado el interés de esta publicación, que parece asumir desde el propio ejército las explícitas imá­genes que anteriormente habían sido empleadas en su contra, y numerosos comentaristas han recordado la pionera labor de Ernst Friedrich en este sen­tido. Para profundizar en este tema, véase Leo van Bergen, Heidi de Mare y Frans J. Meijman. “From Goya to Afghanistan – an essay on the ratio and ethics of medical war pictures”, en Medicine, Conflict and Survival, 26:2, 124-144 (2010).

5. En 1926, al ser preguntado en una encuesta literaria por los mejores libros del año, Bertolt Brecht respondió lo siguiente acerca de ¡Guerra a la Guerra!: “Por el precio de un disco de villancicos navideños uno puede comprar a sus hijos ese monstruoso libro de imágenes que se llama ¡Guerra a la guerra!: son documentos fotográficos que muestran un retrato consumado de la huma­nidad”. Cita extraída de “Sobre arte viejo y arte nuevo”, en El compromiso en literatura y arte (Barcelona: Península: 1984).

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