Uno de los motes más hermosos y reconocidos de cuantos hallamos en el Amorum emblemata quizás sea Festina lente [Apresúrate despacio], una locución latina que podríamos asociar al tradicional refrán español “Vísteme despacio, que tengo prisa”, y en la que se aborda, al fin y al cabo, la Prudencia, tradicionalmente representada como una combinación de rapidez con tardanza.

En la obra de Vaenius -dedicada, no lo olvidemos, al amor-, esta sentencia aparece representada mediante un grabado que remite a la fábula de la liebre y la tortuga, en la que la liebre, arrogantemente, acaba perdiendo una carrera tras confiarse demasiado y dormirse en los laureles. En esta ocasión, los versos de Luis de Tribaldos no dejan lugar a dudas: quien sabe emplearse de continuo al amor, sin cesar y sin cansancio, obtendrá al fin su premio.

Quien bien ama y persevera
viene a gozar lo que espera
Perdió la liebre en el correr la apuesta
con la tortuga al fin por descuidarse
que dio en dormir, por ser ligera y presta
y la otra en velar por mejorarse.
No sea el amante Amor cosa molesta
que si en contino amar sabe emplearse
sin cesar por cansancio o perder punto,
tendrá por premio al fin todo el bien junto.

Esta locución, y la sabiduría que encierra, ha dado pie en realidad a numerosas adaptaciones, más allá del ámbito amoroso. La manera más habitual de encontrarla remite al ancla y el delfín, donde el primero proporciona consistencia y reflexión, y el segundo rapidez e intuición. Se dice que también el espíritu humanista quiso ver en esta combinación una reflexión acerca de sus métodos de trabajo: el delfín representando el conocimiento intuitivo, facilitado por la lectura de las obras de Platón, y el ancla el sostén de la lógica, ofrecida por Aristóteles.

En el caso de Alciato, a quien podríamos considerar el padre de la emblemática, encontramos en su emblema número 20 el lema Maturandum, el cual remite a una variante de Festina lente que podríamos traducir como “Sin prisa, pero sin pausa”. En la pictura nos topamos con una rémora -esos peces que se adhieren a otras especies más grandes- enroscada en una flecha, el pesado pez deteniendo a la veloz saeta. Su epigrama dice así:

Todos nos aconsejan obrar con prisa y con calma,
no demasiado rápido ni con demasiada demora.
Que te lo demuestre la flecha unida a la rémora: esta es lenta,
mientras que los dardos vuelan de la mano que los arroja.

A fin de constatar la enorme difusión de esta máxima, cabe recordar que Aldo Manuzio, el célebre impresor veneciano del siglo XV, tomó también como marca tipográfica el ancora y el delfín. Incluso Erasmo, amigo de Manuzio, se mostró fascinado con el conocimiento que podía extraerse de esta máxima, recomendando tenerla siempre presente pues resultaría de utilidad en infinidad de momentos de la vida. En uno de sus adagios comenta:

Si consideras el vigor y la riqueza expresiva encapsulada en tan pocas palabras, tan fecundas, tan serias, tan útiles, tan ampliamente aplicables a todas las situaciones de la vida, fácilmente consentirás en que entre tantos proverbios no hay ningún otro más merecedor de ser inscripto en toda columna, de ser copiado sobre la entrada de todos los templos (¡y en letras de oro!), pintado en las grandes puertas de las cortes de los príncipes, grabado en los anillos de los prelados y representado en los cetros de los reyes.

A continuación, una galería a modo de muestra en la que se incluyen distintas imágenes empleadas en diversos libros de emblemas para simbolizar este fantástico proverbio: Apresúrate despacio.

Por último, constatando una vez más que las enseñanzas contenidas en emblemas, fabulas y refranes siguen permeando a su modo nuestro tiempo, una postal de san Valentín contemporánea en la que la tortuga vuelve a representar a la prudencia, a la constancia, al camino lento pero seguro: slow and steady, always ready.

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