La bruja de Endor: brujería y espiritismo

por | Jul 29, 2020 | Esoterismo, Muerte

Cómo sabéis, Fantasmas de Alejandra Guzmán Almagro es una antología en toda regla en la que figuran los principales textos sobre fantasmas -muchos con traducciones inéditas- desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Moderna. En ese recorrido se apuntan también algunos episodios anteriores de enorme influencia dentro de la tradición judía y cristiana, y en esta entrada nos vamos a fijar en el relato de la bruja de Endor.

Como afirma Guzmán Almagro, “tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testa­mento, los espíritus pueblan el mundo de los vivos cohabitando con demonios de todo tipo, con la consiguiente proliferación de exorcistas y médiums con capacidad para interactuar con ellos, tanto expulsándolos como invocándolos para otros fines”. En ese sentido, el episodio más recordado es el de la llamada bruja de Endor, un relato contenido en el primer Libro de Samuel, y en cuyo pasaje central tiene lugar la siguiente escena de necromancia [predicción del futuro por medio de la invocación a los espíritus de los muertos]:

“La bruja de Endor”, grabado de J. Taylor (1813)

Ya Samuel había muerto. Todo Israel había hecho duelo por él y lo habían enterrado en Ramá, que era su propio pueblo. Saúl, por su parte, había ex­pulsado del país a los adivinos y a los hechiceros. Los filisteos concentraron sus fuerzas y fueron a Sunén, donde acamparon. Saúl reunió entonces a los israelitas y armaron su campamento en Guilboa. Pero cuando vio Saúl al ejército filisteo, le entró tal miedo que se descorazonó por completo. Por eso consultó al Señor, pero él no le respondió ni en sueños, ni por el urim  [El sacerdote hebreo tenía, como ciertos sacerdotes romanos, la competencia de reali­zar ritos adivinatorios]  ni por los profetas. Por eso Saúl les ordenó a sus oficiales:

 

–Búsquenme a una adivina, para que yo vaya a consultarla.

–Pues hay una en Endor –le respondieron.

Saúl se disfrazó con otra ropa y, acompañado de dos hombres, se fue de no­che a ver a la mujer.

–Quiero que evoques a un espíritu –le pidió Saúl–. Haz que se me aparezca el que yo te diga.

–¿Acaso no sabes lo que ha hecho Saúl? –respondió la mujer–. ¡Ha expulsado del país a los adivinos y a los hechiceros! ¿Por qué vienes a tenderme una trampa y exponerme a la muerte?

–¡Tan cierto el Señor, te juro que nadie te va a castigar por esto! –contestó Saúl.

–¿A quién deseas que haga aparecer? –preguntó la mujer.

–Evócame a Samuel –respondió Saúl.

Al ver a Samuel, la mujer pegó un grito.

–¡Pero si eres Saúl! ¿Por qué me has engañado? –le reclamó.

–No tienes nada que temer –dijo el rey–. Dime lo que has visto.

–Veo un espíritu que emerge de la tierra –respondió ella.

–¿Y qué aspecto tiene?

–El de un anciano, que se acerca envuelto en un manto.

Al darse cuenta Saúl de que era Samuel, se postró rostro en tierra. Samuel le dijo a Saúl:

–¿Por qué me molestas, haciéndome subir?

–Estoy muy angustiado –respondió Saúl–. Los filisteos me están atacando y Dios me ha abandonado. Ya no me responde, ni en sueños ni por medio de profetas. Por eso decidí llamarte, para que me digas lo que debo hacer.

Este curioso pasaje bíblico tuvo una gran repercusión en la literatura de­monológica cristiana, que lo reproducirá, analizará y, a veces, censura­rá hasta bien entrado el siglo XIX.

Por un lado, como se señala en Fantasmas, “representaba una práctica maléfica, la necromancia, operación muy poderosa y a la que incluso los piadosos reyes de la Biblia habían recurrido. Por otro lado, ponía de manifiesto la posibilidad de que los difuntos se comunicaran con los vivos y de que tuvieran el don de la clarividencia. En el pasaje se pone de relieve que los difuntos deben permanecer en su nueva morada, puesto que es el propio Samuel quien recrimina a su hermano que le haya hecho ‘subir’ de nuevo, molestándolo así de un descanso eterno que no debe ser perturbado ni transgredido”.

De hecho, estos mismos argumentos en contra de toda posible comunicación con los muertos, hicieron que la Bruja de Endor se convirtiera en un argumento de peso dentro de la lucha anti-espiritista a finales del XIX, cuando esta doctrina se implantó con fuerza en distintos países ofreciendo vías de dialogo y conexión con los espíritus.

En este simpático pasquín de propaganda contra el espiritismo se expone que la oleada que por entonces barría Estados Unidos no es más que una peligrosa revisión de prácticas y episodios milenarios: “La brujería descrita en la Biblia consistía en llamar a los espíritus de los muertos. El espiritismo moderno también consiste en llamar a los espíritus de los difuntos”.

Y la comparativa se hace todavía más explicita por medio de las ilustraciones, en las que queda claro que tanto el supuesto Samuel como los familiares difuntos son realmente un truco empleado por Satanás. En realidad, se ve que los propios seguidores del espiritismo empleaban el ejemplo de Endor para sostener los remotos orígenes de sus creencias, por lo que son varios los libritos que podemos encontrar desarticulando la validez de este argumento. Como muestra, este texto de un pastor americano dentro de una serie de textos titulada, explicitamente, ‘Misunderstood scriptures’ [Escrituras malinterpretadas].

Por esas mismas fechas, el debate no sólo se daba en los Estados Unidos, también estaba presente en nuestras tierras. Vicente Manterola, canónigo de Vitoria-Gasteiz durante varios años, escribiría en 1879 un libro titulado El Satanismo o sea la cátedra de Satanás combatida desde la cátedra del Espíritu Santo: refutación de los errores de la escuela espiritista. Se trata de un fabuloso y extensísimo alegato contra el creciente espiritismo en el que leemos:

“Convenimos en que hay fenómenos extraordinarios; que estos fenómenos no se explican sino atribuyéndolos a una causa inteligente. ¿Cuál es esta causa? ¿Es el espíritu o alma del difunto que se evoca en una sesión espiritista? De ninguna manera: contesto resueltamente que no. ¿Pues quién es el agente? ¿Qué inteligencia es esa que responde? Eliminados los casos de superchería, que no son pocos, y alguna que otra alucinación; dada la respuesta obtenida desde el mundo invisible de los espíritus; quien responde es seguramente el ángel malo, el espíritu caído: es Satanás”.

Frontispicio de “El Satanismo o sea la cátedra de Satanás” y “The witch of Endor, and modern spiritism”

Realmente, tanto el panfleto estadounidense como el discurso del párroco vasco no niegan la veracidad de los contactos, y se limitan a alertar de que el maligno es el responsable de ambos. Siglos y siglos de historia no habían servido al parecer para desterrar la “abominable” necromancia.

Os invitamos a bucear entre las paginas de Fantasmas, plagadas de hallazgos sorprendentes que prueban el irrefrenable interés histórico por comprender mejor el fenómeno de las apariciones.

Si te ha gustado… echa un vistazo al libro
Las almas en pena, los ejércitos espectrales, los amantes fantasma, las casas encantadas, los duendes o los regresados son sólo algunos de los tópicos o personajes ultraterrenos que irán apareciendo a lo largo de esta obra. Y es que el mundo de lo fantasmagórico, lejos de ser un tabú, ha sido tema habitual de discusión entre los escritores y pensadores más reconocidos de la historia, tales como Homero, Plinio el Joven,  Plutarco, Gregorio Magno, Beda el Venerable o Girolamo Cardano. La amplia selección de textos que nos ofrece la autora (la mayor parte de ellos traducidos de sus lenguas originales para esta edición) demuestra que la preocupación por todo cuanto rodea a la oscura noción de Más Allá ha sido transversal desde la Grecia arcaica hasta la Modernidad.

Los textos recogidos en esta antología sobre lo fantasmal, aunque pertenecen a diferentes géneros literarios y sus autores los redactaron con distintas finalidades, tienen en común el intento de comprender mejor el fenómeno de las apariciones, bien cuestionando su veracidad, bien corroborando su existencia. El libro se divide en tres grandes apartados (Antigüedad, Edad Media y Edad Moderna) y cada uno de ellos cuenta con una introducción y una selección de los textos más importantes y representativos con comentarios individualizados. Con todo, nos encontramos ante una obra sin precedentes en el panorama actual que, a su vez, constituye una ocasión única para adentrarnos en el mundo, tan indescriptible como fascinante, de los fantasmas en la historia.