Como muchos ya sabéis, hace tan sólo unos días publicamos una edición limitada a todo color de la Danza macabra europea de Alberto Martini. Superado el impacto inicial de la serie completa de postales diseñada por Martini, la obra, realizada en un plazo de dos años, sirve como muestra del clima general de la época, deteniéndose en algunos de los episodios más destacados de la Gran Guerra y testimoniando, en un sinfín de detalles, la posición particular del artista, empapada profundamente en el movimiento irre­dentista que reclamaba para el Reino de Italia sus supuestas fronte­ras naturales (el Trentino, Istria y Dalmacia).

La función propagandística de la serie, alabada incluso por la embajada británica en Roma, que felicitó a Martini solicitándole una copia de la obra completa para el embajador, hace que la Danza Macabra Europea dialogue con otras muchas obras propagandísticas creadas al calor de las espantosas noticias que llegaban desde el frente. En este sentido, cabe recordar que la invasión belga supuso el nacimiento de la atrocity propaganda: los diarios se hicieron eco de multitud de crímenes de los que no existía prueba alguna, modulando eficazmente la opinión aliada sobre el enemigo y exhortando a la población británica a enrolarse en las filas del ejército. Los casos más sonados hablaban de cómo los soldados alemanes atravesaban con sus bayonetas a los niños belgas, crucificaban a soldados canadienses o hervían los cadáveres de los prisioneros para fabricar jabones. En realidad, junto a estos provechosos bulos también circulaban trágicos episodios reales, entre los que sin duda destaca, por su enorme difusión e impacto, la historia de la enfermera británica Edith Cavell.

Todas las escenas de la danza de Martini podrían ser analizadas detenidamente, componiendo una crónica despiadada del conflicto, pero en esta ocasión nos detendremos únicamente en una de ellas, la postal número 44, en la que se representa un trofeo alemán coronado por la sanitaria [Fig. 1].

Postal número 44, Danza Macabra Europea.

Fig. 1: Postal número 44, Danza Macabra Europea.

Cavell fue ajusticiada el 12 de octubre de 1915, tras ser condenada en un juicio sumarísimo por un tribunal alemán que la acusaba de cobijar, ayudar a escapar y a reincorporarse al combate a cientos de soldados aliados. El caso tuvo una gran difusión internacional, pero los intentos por salvar su vida no surtieron ningún efecto y esa mañana de octubre fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento.

Fue una lástima que la señorita Cavell tuviese que ser ejecutada, pero era necesario. Ella fue justamente juzgada… Indudablemente, es terrible que la mujer haya sido ejecutada; pero consideren qué ocurriría si un Estado, sobre todo en guerra, permitiese que salieran impunes todos aquellos crímenes destinados a desestabilizar la seguridad de sus ejércitos, por el simple hecho de haber sido cometidos por mujeres.

Figuras 2, 3 y 4.

Figuras 2, 3 y 4.

Estas declaraciones del subsecretario de Relaciones Exteriores alemán, ofrecidas a la prensa poco después del acontecimiento, contrastan en realidad con la reflexión posterior de ciertos altos cargos, que terminaron admitiendo que la ejecución había sido en realidad un gran error, una acción sumamente impopular que avivó durante meses la llama anti-germánica a lo largo de todo el planeta. Empleada como ejemplo supremo de patriotismo, en los meses posteriores a su muerte el reclutamiento británico creció al parecer de forma exponencial [Fig. 2, 3 y 4]. La prensa ilustrada, las revistas satíricas, el cine y un elevado número de artistas de diversa procedencia se inspiraron en su historia, contribuyendo a apuntalar una serie de elementos imaginarios en el relato: se decía que Cavell se había negado a vendarse los ojos frente al pelotón o que se había desmayado segundos antes de la ejecución, obligando así a que un oficial la matara mediante un despiadado tiro en la cabeza, etc. [Fig. 5, 6].

Figuras 6 y 7

Figuras 5 y 6.

Además, demostrando la enorme difusión y relevancia de las postales ilustradas durante la Primera Guerra Mundial, encontramos al menos dos series –de seis escenas cada una– dedicadas a la historia de la enfermera británica. La primera fue dibujada por el artista italiano Tito Corbella en el año 1915 y representa algunos de los momentos más conocidos del caso mediante un particular estilo que no duda en asociar simbólicamente la Kultur alemana a la figura de la muerte, verdadera causante de la guerra, del infausto juicio y de la ejecución final [Serie 1]. En la última ilustración, sin embargo, el espíritu humanitario de la enfermera triunfa sobre la muerte, quebrando su sangrienta espada. La segunda serie abarca un marco temporal más amplio, comenzando con su labor humanitaria como enfermera y finalizando con la conmemoración internacional de su figura representada en un monumento erigido en la ciudad de Bruselas [Serie 2].

Serie 1

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Serie 2

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El trofeo de la postal de Martini, coronado por Cavell, presenta asimismo dos estratos más: en el primero, el zepelín alemán –uno de los ingenios armamentísticos más recordados de la Gran Guerra– gasea a la población civil, ganándose la reputación de infanticida; en el segundo, esta deshonra es subrayada en base a una de las leyendas más difundidas y representadas: los niños belgas con las manos cortadas [Fig. 8]. Sin duda, el poderío visual de Martini conforma una de las plasmaciones más viscerales y memorables de estos espantosos sucesos –fraudulentos y veraces–. Paradójicamente, y aunque la prensa parecía ya haberlo olvidado, las historias de miembros cercenados habían copado también la atención internacional apenas una década antes, cuando los excesos anglo-belgas en el Congo dejaron tras de sí centenares de manos amputadas en señal de represalia. En este caso, sin embargo, contamos con testimonios que acreditan la veracidad de la barbarie [Fig. 7][1].

Figuras 7 y 8.

Retomando el caso de la enfermera británica, y para finalizar este breve repaso por el eco visual que tuvo su historia, me gustaría remitir a un último diseño realizado por

el único particular que ejerció una gran y efectiva influencia en el transcurso de la guerra de 1914-1918. Obviamente, hubo una docena de hombres, entre emperadores, reyes, jefes de Estado y comandantes en jefe, que formalizaron sus políticas y guiaron sus acontecimientos. Pero al margen de este círculo de grandes, Louis Raemaekers se distinguió felizmente por ser la única persona que, sin la asistencia de un título o cargo, influyó indudablemente en el destino de los pueblos.

Fig. 11

Fig. 9

Como señaló el obituario del London Times tras la muerte del célebre dibujante neerlandés en 1956, los diseños de Raemaekers influenciaron determinante­mente a la opinión pública de los países beligerantes durante años. En el segundo volumen de Cartoon History of the War[2] se incluía la siguiente viñeta en la que se representaba el ajusticiamiento de Cavell a través de una metáfora animal, instrumento político y propagandístico de deshumanización del enemigo enormemente empleado a lo largo de la historia[3] –con especial énfasis durante las dos guerras mundiales– [Fig. 9], y brillantemente empleado por Martini a lo largo de toda su monstruosa y macabrocómica danza.

Hasta aquí estos breves apuntes sobre la figura de Edith Cavell y la postal número 44 de la Danza macabra europea, dedicada –en la breve descripción ubicada en el reverso de la misma– “A los verdugos de Bélgica: Von Der Goltz y Von Bissing”.

 

Ander Gondra

Notas:

[1] En el caso belga, el gobierno británico envió incluso un grupo de supuestos testigos a EE.UU. para que dieran cuenta de los crímenes y atrocidades vividas, llegando a redactarse informes que corroboraban la supuesta veracidad de estos relatos. Sin embargo, el célebre abogado Clarence Darrow siempre dudo de estas testificaciones y en 1915, durante un viaje por Europa, llego a ofrecer una recompensa de mil dólares a quien le trajera un niño belga o francés con las manos cortadas. Obviamente, nadie se presentó y durante sus múltiples investigaciones y entrevistas no pudo localizar ningun testigo de estas brutales tropelías.

[2] El libro puede consultarse íntegramente en el siguiente enlace: www.gutenberg.org/files/37846/37846-h/37846-h.htm

[3] En este sentido, puede consultarse el foto siguiente foto-ensayo “El espejo animal: la metáfora animal como instrumento político y propagandístico”: http://www.ceiss.es/ensayo1/

 

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