Compartimos a continuación el primer apartado de la introducción de Luis Vives-Ferrándiz Sánchez al libro “Síntomas culturales. El legado de Erwin Panofsky, en el que se apunta la vigencia e interés del pensamiento de Panofsky en el panorama actual, y un breve estado de la cuestión acerca de las ultimas publicaciones que analizan y renuevan su legado.

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Panofsky Satanás. Estas dos palabras, escritas sobre el pupitre de un aula universitaria, resumían lo que para un estudiante había supues­to el encuentro con la iconología y con su mentor, Erwin Panofsky (1892-1968). Las dos palabras, bien remarcadas con varios trazos de boli azul y en mayúsculas, me llamaron la atención por varios motivos mientras vigilaba un examen. Primero, por la exagerada comparación que, a mis ojos, suponía equiparar a Panofsky con el príncipe de las tinieblas. Segundo, porque como docente de la asignatura en la que se explica con detalle el método iconográfico, me hizo reflexionar sobre mis logros o mis fracasos como profesor (siendo este último escena­rio el más probable dado el marco infernal aludido por el grafiti). En tercer lugar, también me hizo pensar en cómo los alumnos interpretan a Panofsky y a su legado. Desde este punto de vista, la desesperación del alumno que entra en contacto con una metodología que deman­da de cierto esfuerzo me pareció incluso comprensible. La afirmación lapidaria no dejaba de ser a mis ojos injusta, pues creo que el desprecio hacia Panofsky garabateado en la superficie de la mesa encerraba una pereza intelectual a la hora de trabajar más que una sólida crítica a los alcances del método iconográfico.

Sin embargo, bien mirado, aquella comparación ponía de mani­fiesto, de manera inconsciente, la comprensión del propio pensamien­to de Panofsky. Lo que el estudiante había hecho era operar con un síntoma cultural, ya que en unas condiciones históricas tales (las clases sobre Panofsky), una tendencia esencial de la mente humana (el recha­zo) se expresó con unos temas o conceptos específicos (el demonio). La interpretación de Panofsky como Satanás encerraba, aunque de ma­nera anecdótica, la síntesis del método iconográfico.

La satanización de Panofsky, probablemente el historiador del arte más importante e influyente del siglo XX, es sintomática de una visión crítica que, desde hace ya varios años, se ha instalado sobre la iconogra­fía y sobre su autor más destacado y reconocido. Panofsky y su trabajo suelen ser vistos como una práctica desfasada, o anticuada, de la Histo­ria del Arte, ya que su interés por el hidden symbolism de un cuadro se antoja algo superado, anclado en el interés por las viejas alegorías y por la búsqueda detectivesca de un texto de la patrística o de la tradición clásica que contenga las claves para desentrañar el significado de una obra. El esfuerzo que implica seguir el método para poner en relación una obra con la literatura, la filosofía o la religión de su tiempo, es mo­tivo habitual para que el desdén, o incluso el desprecio, sean la punta de lanza de las críticas hacia su método y su legado. En esta línea se movían los comentarios de Donald Preziosi a finales de los años ochenta cuando al analizar la actualidad del método iconográfico, afirmaba que los tra­bajos de Panofsky eran flojos o poco atractivos y que sus teorías carecían de un sustento teórico fuerte, pues eran contradictorias y ancladas en los debates kantianos de la Alemania de principios del siglo XX. Preziosi cuestionaba la validez del método iconográfico como alternativa que pudiese dar una respuesta satisfactoria al estudio de las imágenes y rele­gaba a Panofsky y a su método a una semiótica de la Historia del Arte.

Sin embargo, Panofsky no es un autor desfasado ni olvidado en la Historia del Arte contemporánea a pesar de estas críticas o visiones so­bre su trabajo y su legado intelectual. La vigencia de Panofsky viene sus­tentada, entre otras cuestiones, por las publicaciones que en los últimos años han profundizado en el estudio del maestro de Princeton. En los años ochenta se detecta un primer interés por la figura de Panofsky que respondía a una ola de intereses teóricos por la disciplina. Un trabajo que merece ser destacado es el volumen editado por Jacques Bonnet en 1983, en el que se recogían diversas aportaciones de autores franceses, en su gran mayoría. En el volumen se incluyen capítulos más generales sobre el pensamiento panofskyano junto a otros más específicos sobre Filosofía, Historia del Arte, estética o temas particulares como la pers­pectiva o el famoso saludo con el sombrero con el que Panofsky inicia la explicación de su método. Al año siguiente, 1984, Michael Ann Holly publicaba una monografía con el objetivo de dar a conocer las bases teó­ricas de su pensamiento y, especialmente, facilitar a los historiadores del arte del momento la comprensión de las posibilidades que el legado de Panofsky ofrecía en esos momentos y que, sorprendentemente, era algo desconocido incluso en el ámbito académico norteamericano.

El año de 1992 marcó el centenario de su nacimiento y, por ese motivo, se celebraron sendos congresos sobre la figura de Panofsky. Uno, en Hamburgo, en donde los ponentes se centraron en la etapa alemana de Panofsky y en discutir y comentar los aspectos de su pen­samiento que se vinculan con ese espacio y lugar antes de la emigra­ción a los Estados Unidos. El otro tuvo lugar en Princeton y se centró en evaluar el legado de Panofsky en las humanidades de ese tiempo. Las aportaciones editadas por Irving Lavin abordaban el impacto de Panofsky en campos con los que había mantenido contactos en dis­tintos grados en sus publicaciones e investigaciones: el arte, la historia, la cultura visual, la antropología, el cine, la ciencia, la literatura o la música. El volumen hacía un homenaje a una de las publicaciones de Panofsky, pues bajo el título Meaning in the visual arts: views from the outside, se recoge la aportación crítica más plural que se ha hecho de su legado hasta la fecha. La variedad de temas que se tratan en los distintos capítulos hablan de manera muy clara de la polivalencia del pensamien­to y el legado panofskyano. Junto a estas aportaciones, en el año 2008 se publicó el volumen Relire Panofsky bajo la dirección de Matthias Was­chek y Roland Recht. De nuevo desde el ámbito francés se promovía una publicación que trataba principalmente de estudiar el magisterio de Panofsky y los aspectos más relevantes de su pensamiento.

En 2012 Audrey Rieber publicó una de las monografías más com­pletas sobre Erwin Panofsky en la que se preocupó por desentrañar los engranajes de la iconología y por comprender la epistemología que subyace en su método. Su trabajo constituye, hasta la fecha, la visión crítica más completa y actualizada que se ha hecho sobre él. Otra muestra del reciente interés es la monografía de Adi Efal que ha exa­minado los ecos de la Filología en el pensamiento de Panofsky. Su texto explora la influencia de la tradición filológica en la conforma­ción del método iconográfico, pues la problemática de la continuidad y variación de las imágenes está anclada en la lógica de la racionali­dad filológica que, desde el siglo XVIII, se había centrado en estudiar las continuidades de las palabras y sus transformaciones en diferentes contextos culturales. Junto a estos textos, Dieter Wuttke ha publicado en 2018 una monografía sobre la relación entre Aby Warburg y Erwin Panofsky a partir de la información contenida en su correspondencia. Sin embargo, ninguna de estas aportaciones ha sido traducida al cas­tellano, ni tampoco se ha promovido en nuestra lengua ninguna mo­nografía que analice el legado panofskyano. Es por eso que la presente publicación trata de cubrir este hueco con una serie de textos, origi­nales y traducciones, que tratan de estudiar el alcance de ese legado y de comprender el papel de Panofsky ante los retos contemporáneos de la Historia del Arte.

Estas publicaciones constatan el interés académico que Panofs­ky sigue despertando en los historiadores del arte, pero no debe ser tomado como el motivo exclusivo que explica la importancia de su figura. Lo justo para reconocer el valor del legado de Panofsky es leer sus publicaciones, conocer su correspondencia y escuchar a los ami­gos que disfrutaron de su magisterio y generosidad intelectual, pues sólo así se puede vislumbrar la grandeza de un verdadero humanista contemporáneo como fue Panofsky y valorar, así, qué puede aportar su legado a la Historia del Arte en el siglo XXI. El obituario realizado por William S. Heckscher permite adentrarnos en la personalidad de Panofsky y conocer detalles de sus pasiones, intereses o su sentido del humor. Este breve texto, que complementaría el relato de la vida del propio Panofsky, da la visión de un amante del saber y de un verdadero maestro que se preocupó porque sus alumnos de Princeton descubrieran “el valor del conocimiento inútil” que las humanidades proporcionaban. Heckscher comenta el conocimiento que tenía Panofsky del latín, lengua que usaba para hacer aforismos, comentarios jocosos o escribir cartas, su apabullante dominio de los textos clásicos o patrís­ticos más extraños y su proverbial memoria que le permitía recordar con precisión las fuentes a consultar o dónde se encontraba el pasaje exacto que le permitía definir el significado de una imagen. Probable­mente, su monumental legado bibliográfico e intelectual, así como la profundidad, variedad y calidad de sus investigaciones hayan podido actuar como un obstáculo y hayan provocado parte de ese rechazo, como si la sombra del maestro fuese lo suficientemente alargada para ahuyentar cualquier aproximación o interés.

Luis Vives-Ferrándiz Sánchez

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