Podríamos detenernos, una por una, en todas las estampas contenidas en la serie Cien aspectos de la luna de Tsukioka Yoshitoshi, profundizando en esta verdadera enciclopedia visual de la cultura japonesa, por la que vemos desfilar a bellas geishas, fieros samuráis, misteriosos fantasmas y un sinfín de personajes históricos. Sin embargo, en esta ocasión, vamos a detenernos en un grabado protagonizado por una figura más prosaica quizá, pero no por ello carente de heroicidad y rodeada de respeto: la del bombero.

Tsukioka YoshitoshiLa estampa, titulada Luna en el humo, nos presenta un feroz incendio contra el que luchan al menos dos compañías de bomberos [Fig. 1]. En primer plano, como escribe David Almazán –editor del volumen–, aparece un bombero de espaldas, vestido con gruesos ropajes especiales empapados en agua, llamados sashiko, e identificado con el estandarte de su compañía, denominado matoi, compuesto por un cubo y una esfera, cuya silueta recuerda a la de la luna llena. Al fondo, sumidos en el humo tras las llamas y en un tamaño muy reducido, aparecen otros tres bomberos de otra compañía tratando de salvar un edificio.

En el antiguo Japón las compañías de bomberos eran empresas privadas cuyos ingresos provenían del pago por librar de las llamas un inmueble. En este sentido, la identificación con el estandarte de la compañía que estaba sofocando el incendio en cada casa era fundamental para organizar los pagos y por ello había una persona dedicada a situarse en lo alto del edificio con el matoi. En la capital, como la mayoría de las casas eran de madera y estaban muy juntas, la propagación de un fuego siempre era muy temida y son varios los incendios que arrasaron grandes sectores de la ciudad provocando, a lo largo de los años, el desarrollo de nuevos métodos de extinción y prevención, y la implementación de una gran cantidad de medidas[1].

[Figs. 2 y 3 – Fotografías de sendas compañías de bomberos japonesas, finales del XIX o principios del XX]

Ante esta tesitura, la figura del bombero adquiría una gran relevancia y podía equipararse a la de otros ídolos públicos como el actor de kabuki o los luchadores de sumo. Ya para mediados del siglo XVIII, cuando la ciudad de Edo contaba con una población aproximada de un millón de habitantes, eran 11000 los efectivos disponibles. Las distintas compañías promovían una fuerte identidad grupal, reafirmando sus particularidades por medio de distintos medios entre los que destacaba el tatuaje, siendo éste uno de los elementos característicos del colectivo. De este modo, la reputación de los bomberos oscilaba entre la admiración –por el valor con el que hacían frente al fuego y el halo de heroicidad que rodeaba algunas de sus gestas– y el temor –debido a su origen humilde, y a su fama de pendencieros y alborotadores, subrayada por algunas disputas memorables entre compañías y con otros colectivos–[2]. Además, los bomberos eran también muy populares por su enorme destreza y fuerza acrobática sobre las enormes escaleras de bambú. Durante las celebraciones del año nuevo, ejecutaban un show acrobático que aun hoy es conmemorado durante los festejos del Dezome-shiki, una traza folklorika del talento físico de los bomberos del período Edo [Fig. 4]

Fig. 4 (1880, autor desconocido)

Fig. 4 (1880, autor desconocido)

Esta popularidad se vio reforzada por las representaciones teatrales y, como en el caso que nos ocupa, por la gran cantidad de grabados y series completas dedicadas a su figura. En este sentido, es indudable el atractivo que ejercía el aguerrido temperamento de los bomberos y, sobre todo, la vistosidad de sus estandartes. Antes de diseñar este grabado, Yoshitoshi ya había dedicado a este colectivo dos series y diversas estampas. En 1865 ejecutó la serie Isami no kotobuki, en la que aparecían retratados un puñado de actores como bomberos notoriamente tatuados, destacando los matoi por encima de sus cabezas [Figs. 5 y 6].

Figs. 5 y 6

Figs. 5 y 6

Y una década antes de realizar los Cien aspectos de la luna, en 1876, presentó otra serie corta de diez estampas titulada Kaku daiku matoi, escogiendo en esta ocasión diseñar a los representantes de las distintas compañías de bomberos de la capital de cuerpo entero y luciendo orgullosos sus estandartes [Fig. 7]. Ese mismo año, Yoshitoshi había ilustrado además un gran incendio iniciado en Sukiyacho el 29 de noviembre [Fig. 8]. En esta ocasión, la estampa formaba parte de los diversos diseños que el artista realizó para el diario Yūbin hōchi shinbun. Durante un par de años, Yoshitoshi ilustró multitud de sucesos escabrosos y sorprendentes, siendo la composición del incendio el único tríptico ideado para este particular medio. Hay varios grabados más de este maestro dedicados a los bomberos y sus hazañas, pero tan sólo destacaremos uno de ellos, en el que se representa la batalla campal entre los luchadores de sumo y los bomberos acaecida en el templo de Shiba el primero de enero de 1805 [Fig. 9].

Para terminar, hemos seleccionado varias estampas de distintos maestros grabadores japoneses del siglo XIX que, al igual que Yoshitoshi, dedicaron alguna de sus series a los bomberos y sus estilosas enseñas. Destacan los diseños de Utagawa Yoshitsuya (1822-1866), Toyohara Kunichika (1835-1900) y Utagawa Yoshitora (1836-1882) [Atlas 1].

Notas:

[1] A este respecto, puede consultarse la siguiente entrada de Wikipedia sobre los fuegos en la ciudad de Edo: wikipedia.org/wiki/Fires_in_Edo#Representative_great_fires

[2] Sobre la composición de las brigadas y la historia de la lucha contra el fuego en Edo, véase el siguiente ensayo de William W. Kelly, “Incendiary actions. Fires and firefightening in the Shogun’s capital and the People’s city”: https://webspace.yale.edu/wwkelly/pubs-archive/WWK_1994_in-McClain.pdf

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