Simbolismo masónico. Historia, fuentes e iconografía es un libro en el que casi no quedan flecos sueltos, se abordan con espíritu enciclopédico y una fantástica capacidad de síntesis la inmensa mayoría de motivos y símbolos del rico patrimonio visual de esta fraternidad “discreta”. Y a modo de cierre, se incluyen dos apéndices: el primero, un pequeño bestiario y herbario masónicos; y el segundo, una breve nota sobre el uso de los colores en el ritual masónico. Podéis leer a continuación esta ultima reflexión, que viene a cerrar la investigación más profunda y rigurosa publicada hasta la fecha en lengua castellana sobre esta fascinante temática:

También el simbolismo de los colores empleados en decora­ciones e indumentarias ocupa un lugar destacado en el ámbito del aparato y del método masóni­cos. Algunos investigadores piensan que sus orígenes, al igual que sucede con el imaginario general de la Orden, procede esencialmente de las alusiones bíblicas, fundamento al que se irá incorporando el aporte de otras fuentes como la alquimia, la cábala, un pitagorismo revisado, el descubrimiento de las antiguas cultu­ras de Egipto u Oriente o de los pueblos primitivos, lo que irá complicando de manera progresiva el colorido que inter­viene en los rituales. Para otros, y al me­nos en Inglaterra, Escocia e Irlanda, los colores que se adoptarán para las enseñas de los distintos Oficiales de la logia serán tomados de las órdenes nobiliarias y de caballería tradicionales británicas, como la de la Jarretera, del Cardo, de San Patri­cio…, estamentos a los que, por lo demás, pertenecían algunos de los más ilustres masones aceptados. De este modo, su elección no respondería a unas supuestas razones simbólicas, sino a una cuestión meramente accidental. Hasta la década de 1730, o muy poco antes, las escasas referencias al cromatismo de mandiles y cintas de las joyas hacen mención úni­camente del color blanco; es a partir de ese momento cuando, en las resolucio­nes sobre la exhibición de los adornos en logia, se empieza ya a distinguir entre las cintas de seda blanca, azul o roja para el borde de los mandiles y el soporte de los collares de los distintos Oficiales de la lo­gia. Durante la segunda mitad de la cen­turia ya se mencionan otros tonos, como el púrpura. No faltan comentarios en los que se vinculan los tres colores origina­rios de la masonería a los distintos proce­sos revolucionarios y de independencia que tuvieron lugar durante las últimas décadas del siglo XVIII –la búsqueda de la justicia estaría expresada en la pureza del color blanco, el altruismo y la altura de esos ideales en el azul, junto con el rojo, reflejo de la sangre derramada por la libertad, encarnación de los ideales republicanos y democráticos del nuevo ciudadano– que, además, encontrarían su proyección en las nuevas banderas nacionales surgidas de estos procesos.

Al margen de estas hipótesis sobre su posi­ble origen, los grados de los diferentes ri­tos serán reagrupados posteriormente de acuerdo con aquellos colores empleados inicialmente: los tres primeros, dentro del sistema del escocismo, se reúnen bajo el nombre de “masonería azul”, en relación con el carácter cósmico que el tem­plo adquiere en sus ceremoniales, donde la decoración es predominantemente de color celeste; en los altos grados, los ca­pítulos Rosacruz (15º al 18º del REAA) son conocidos como “masonería roja”, y los consejos Kadosh (19º al 30º del REAA) como “masonería negra”, a causa del colorido predominante en sus joyas y escudos heráldicos; el Consejo Supre­mo (33º del REAA), en fin, es también conocido como “masonería blanca”. En estos casos, el interior de los templos es tendente a estos colores respectivos o, muchas veces, al verde.

De un grado a otro, la composición de las decoraciones (mandiles, cordones, collares) varía y se asocia según reglas a veces no siempre bien discernibles de diferentes colores; algo similar sucede en el caso de los altos dignatarios (Gran­des Oficiales, Grandes Maestros…). Las instrucciones específicas de cada grado consagran una parte de su enseñanza a la significación simbólica del diferente cro­matismo: la pureza e inocencia del blan­co, el ardor y la generosidad del rojo, la esperanza del verde… Esto explica que, en diversas ocasiones, la utilización de tales colores sobrepase el lugar que les es atribuido en la jerarquía de los grados y que puedan usarse en otros contextos di­ferentes: el blanco es el color de los man­diles de aprendiz y compañero, y una “tenida blanca” es aquella abierta al pú­blico profano; en el RER los ornamentos son verdes en los tres primeros grados y los mandiles de maestro aparecen borda­dos de azul en este mismo rito, en tanto, en el REAA, estas mismas prendas pre­sentan los bordes rojos.

A veces la elección de cada color se asocia a un determinado lenguaje cifrado de diferente inspiración. Así, en relación con el Templo de Salomón, a partir de sus descripciones bíblicas, el rojo y oro resultan predominantes, junto al blanco, vinculado a la luz, en su ambientación interior. Dentro de los grados de inspi­ración abiertamente cristiana, la corres­pondencia entre el sacrificio de Moisés sellando la Alianza con sangre (Ex. 24, 6-8) y la “lana escarlata” de la clámide de Cristo (Hb. 9, 18-22) puede apli­carse, así como la sangre vertida por el pelícano eucarístico, en el rito Rosacruz. Los colores también están asociados a la orientación del templo y al movimiento del sol en relación con la deambulación ritual: verde a oriente, amarillo al medio­día, rojo a occidente, negro al norte. La influencia de la alquimia se observa en el negro del Gabinete de Reflexión –ma­teria prima primordial– y también en el color de la Habitación del Medio, o del futuro maestro asimilado a Hiram, pues, dentro de esta concepción, la tierra se re­presenta en negro, el agua en verde, el aire en azul y el fuego en rojo.

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