Cuando Cromwell perdió la cabeza… después de muerto

por | Sep 3, 2020 | Muerte

Hay pocos personajes más controvertidos en la historia de Inglaterra que Oliver Cromwell. Y no es precisamente un país ajeno a lo excéntrico, pues desde Boris Johnson hasta Enrique VIII, pasando por Churchill o la propia reina Isabel II, contamos con un nutrido elenco de creadores de interminables anecdotarios. Si el Tudor Enrique VIII se hizo célebre por sus numerosos y tumultuosos matrimonios, que le llevó a romper nada más y nada menos que con el papado de Roma, Cromwell pasará a la historia por llevar a la guillotina a un Estuardo, concretamente a Carlos I. Cuando rodó la cabeza del rey, cuyo rostro quedó inmortalizado unos años antes en el Triple retrato de Van Dyck (1635), se cuenta que Cromwell mostró cierta clemencia y permitió que la cabeza fuera cosida al cuerpo de manera que su familia pudiera honrar su memoria de forma más digna. El rey murió el 30 de enero de 1649[1]; exactamente once años después, en una fría mañana, el cuerpo de Cromwell fue exhumado violentamente de su sepultura en la abadía de Westminster para ser ejecutado de forma póstuma. Y, desde luego, cuando rodó su cabeza, con la piel ya reseca y con la calavera dominando sus rasgos, nadie decidió coserla de nuevo a su cuerpo… más bien pasó todo lo contrario. Veámoslo.

 

Triple retrato de Carlos I de Inglaterra por Anthony van Dyck (1635).

La vida de Cromwell fue de lo más agitada, ya que pasó de ser poco más que un terrateniente inglés de clase media a liderar como Lord Protector Inglaterra, Escocia e Irlanda. Su vida es fascinante, tanto por la dimensión de sus aciertos como por la estridencia de sus fanáticos excesos, convirtiéndolo en un personaje histórico tan reivindicado como odiado. Pero las incongruencias siempre fueron una de sus principales cartas de presentación, incluso tras su muerte.

Cromwell pasó sus últimos días agonizando, entregado a unos dolores febriles que habían anulado su cuerpo, y arrebatado por la tristeza de ver morir a su hija de 29 años el 29 de agosto de 1658. Cuatro días después, el Lord protector moría en una fecha que desató todo tipo de teorías. El 3 de septiembre de 1650 había salido victorioso de la cruenta batalla de Dunbar y el mismo día del año siguiente venció, también en tierras escocesas, en la batalla de Worcester. La leyenda cuenta que, al final de su agonía, se desató un furioso temporal que se extendió por buena parte de Europa:

Durante las largas horas de la agonía de Cromwell se desencadenó en toda Inglaterra una tormenta espantosa, cuyos efectos se sintieron hasta en el Mediterráneo; las casas caían derruidas por la fuerza del viento; los árboles más corpulentos, arrollados por el huracán, volaban por los aires; el mar estaba lleno de barcos destrozados y de náufragos. Los realistas decían que era el infierno que se agitaba para recibir el alma del Usurpador; los puritanos afirmaban, por el contrario, que aquellos fenómenos revelaban la conmoción de la tierra al perder a uno de sus hombres más santos y más ilustres[2].

A pesar de su marcada hostilidad contra la realeza, sus funerales fueron los propios de un monarca, mostrando una pompa desmedida y haciendo suyas tradiciones que eran propias y exclusivas de los reyes. Por ejemplo, a partir de la máscara mortuoria que se obtuvo antes de ser embalsamado, se creó una efigie de cera que se expuso durante meses luciendo vestimentas de monarca. La máscara mortuoria de Cromwell es una pieza muy importante ya que, según la especialista Marcia Pointon, está considerada como la primera elaborada a una persona ajena a la realeza; aunque, como hemos visto en el caso de Cromwell esa línea era muy difusa.

Las máscaras mortuorias de Cromwell.

Del cuerpo muerto de Cromwell se obtuvieron varias versiones de máscaras mortuorias, siendo a día de hoy muy difícil precisar cuántas. Algunas de ellas, especialmente las que presentan la característica verruga sobre la ceja derecha, pudieron haber sido tomadas en vida. Otras, por el contrario, presentan un semblante más cadavérico y sin la mencionada verruga.

Izquierda: Máscara mortuoria de Oliver Cromwell, National Portrait Gallery, Londres, finales del XVII. Derecha: Máscara mortuoria de Oliver Cromwell, British Museum, Londres.

Ya hemos visto que la coincidencia de fechas era muy del gusto de los ingleses, por lo que para la exhumación del cadáver se pensó que nada podía ser más apropiado que hacerlo en el aniversario de la ejecución de Carlos I. La venganza de Carlos II estuvo perfectamente orquestada. Llevaron en una carreta el cuerpo de Cromwell junto al de los regicidas John Bradshaw y Henry Ireton, y los depositaron en Tyburn, una aldea entonces ubicada a las afueras de Londres (donde actualmente está el Marble Arch). Era entonces el lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones, aunque ésta iba a ser un poco especial. Sacaron los cadáveres de sus cajas y los colgaron de los travesaños mediante cuerdas como si los estuvieran ahorcando. Después, una vez caído el sol, bajaron los cuerpos y los degollaron.

Grabado con la ejecución de Oliver Cromwell, Henry Ireton y John Bradshaw, 1661.

Las cabezas fueron trasladadas ante la Abadía de Westminster y se clavaron en unas largas picas para ser exhibidas públicamente. Al parecer, la cabeza de Cromwell estuvo colgada un par de décadas y los rumores, algunos de lo más fantasioso, corrieron como la pólvora en aquel agitado Londres del siglo XVII. Por ejemplo, la cadavérica cabeza, colgada desde 1661, presenció en primera línea el devastador incendio que arrasó la ciudad en 1666. ¿Adivináis el día que se inició el fuego? Fue el 2 de septiembre, por lo que sólo por 1 día no podemos atribuir a Cromwell responsabilidad alguna.

A partir de este punto la historia y la leyenda se cruzan y resulta muy complicado establecer la secuencia que llevó a que, en 1960, la cabeza fuera definitivamente enterrada en el Sidney Sussex College de Cambridge tras pasar por múltiples dueños. Todo cuanto ha rodeado a esta suerte de reliquia siniestra ha despertado la curiosidad de quien que se ha aproximado al tema. Para quien desee conocer más detalles de su destino, merece la pena leer una curiosa crónica publicada en 1904 en la revista Alrededor del mundo.

Notas:

[1] Hay que tener en cuenta que estas fechas se corresponden con el calendario juliano y no tienen una equivalencia con otras regiones europeas, donde ya se había implantado el gregoriano.

[2] Alrededor del mundo (Madrid). 9/6/1904, página 3.

Entradas relacionadas
¡Guerra a la Guerra! de Ernst Friedrich [Prólogo a la edición]

¡Guerra a la Guerra! de Ernst Friedrich [Prólogo a la edición]

Es un placer presentar la primera edición íntegra en castellano de ¡Guerra a la Guerra!, un clásico del anti belicismo global que, por las razones que describiré a continuación, encuentra perfecto acomodo en el catálogo de Sans Soleil Ediciones. Han pasado cien años...

La bruja de Endor: brujería y espiritismo

La bruja de Endor: brujería y espiritismo

Cómo sabéis, Fantasmas de Alejandra Guzmán Almagro es una antología en toda regla en la que figuran los principales textos sobre fantasmas -muchos con traducciones inéditas- desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Moderna. En ese recorrido se apuntan también algunos...