¡No lo haré! La propaganda contra la objeción de conciencia en la Primera Guerra Mundial

por | Sep 18, 2020 | Ernst Friedrich, Guerra, Ilustración, Muerte

¡Guerra a la Guerra! es un llamamiento a la desobediencia, un fotolibro monumental destinado a remover conciencias a nivel internacional. Ernst Friedrich tenía una fe radical en la veracidad del medio fotográfico, en su capacidad para transformar la sociedad mediante el shock que suponían estas imágenes. Y por ello apelaba en la introducción al libro a confrontarse con el horror: “¡Muestren estas imágenes a todos aquellos que aún puedan pensar!”.

No fueron muchos, quizás unos cuantos miles por cada nación europea, pero el tiempo ha terminado valorando la enorme valentía de quienes se opusieron frontalmente a la guerra mediante la objeción de conciencia. El estallido de la Primera Guerra Mundial, y la imposición obligatoria del servicio militar, impulso la primera gran oleada de resistencia y fueron numerosos los esfuerzos por reivindicar este derecho a nivel legislativo. De todos modos, conviene apuntar que existieron distintos niveles de objeción; en algunos casos, únicamente suponía una negativa a tomar las armas o participar en acciones bélicas, pero no había inconveniente en colaborar en hospitales, fabricas o cualquier otro empleo al servicio de la guerra; en otros, y este es el caso de Friedrich, la negativa era total, y tampoco estaban dispuestos a participar de ninguna actividad “civil” vinculada a la contienda.

En este sentido, cabe recordar que la carrera de Friedrich como “subversivo” se inicia en 1917, cuando, al evadir el reclutamiento, participa en una acción de sabotaje contra una fábrica de producción de guerra, lo cual supondrá su primer arresto. A partir de aquí, su militancia va a ser constante, y en numerosos extractos de la introducción de ¡Guerra a la Guerra! se evidencia la urgencia de su mensaje:

 

Nosotros, los objetores de conciencia, debemos finalmente destruir todo este halo y esta patraña, derribar el oropel soldadesco, y afirmar firmemente que éste es:

Un asesino profesional pagado por el estado, entrenado en escuelas asesinas con licencia estatal (llamadas cuarteles), privilegias por el estado en el ejercicio del crimen más horripilante: el asesinato de seres humanos.

[…]

¡Que la huelga general sea la primera arma!

¡Los hombres rechazarán el servicio!

El verdadero heroísmo no es el asesinato, sino la negativa a cometerlo.

Llenemos las cárceles, los asilos y manicomios de todas las naciones, en lugar de matar o morir al servicio del capital.

La espantosa última guerra aún no ha estallado, arrojando gas, veneno y llamas sobre personas, animales y casas.

Está en nuestras manos, en nuestro poder, prevenir, ¡impedir esta monstruosidad!

Sigamos el inspirador ejemplo de los objetores de conciencia, que sean nuestro modelo.

Sufrieron la muerte por un “¡No!” consistente, en lugar de convertirse ellos mismos en asesinos.

¡NO LO HARÉ!

¡Nuestro espíritu y nuestra voluntad es más fuerte que la violencia, que el sable y el rifle!

Repite estas tres palabras: “¡No lo haré!”

Llena de contenido estas palabras y todas las guerras en el futuro serán inviables.

Ernst Friedrich (vestido de uniforme) se dirigue a los soldados en la Siegesallee de Berlín para llamarlos a la revolución.

Este debía ser el tono que Ernst Friedrich empleaba también en sus comparecencias públicas, cuando se dirigía en las plazas y parques a los militantes pacifistas y a los soldados. Era preciso convencer a mucha más gente, paralizar el país, impedir la guerra… pera esta llamada a la acción directa tenía graves consecuencias, y fueron numerosos los objetores de conciencia encarcelados, condenados a trabajos forzados o incluso ajusticiados. Además, la propaganda bélica lanzo campañas especificas destinadas a ridiculizar la posición de los objetores, como puede comprobarse en los siguientes ejemplos:

Oh, malvado alemán desagradable. Si no desistes, olvidaré que tengo conciencia y te daré una bofetada.

Los caballeros con conciencia no necesitan espadas ni pistolas, ¡van a ganar la guerra cantando canciones de amor!

Mientras los proyectiles vuelan y retumban los cañones; él ordena las trincheras con el recogedor y la escoba.

En esta campaña los opositores a la guerra son unos personajes remilgados y enclenques. Así se representaban los esfuerzos del pacifismo, caricaturizando a sus promotores como unos individuos ingenuos de pálida tez que entonan canciones ante las trincheras. Además de esta versión “afeminada” del insumiso, se promovía también otra imagen, la de un gandul insolidario que seguía viviendo a cuerpo de rey mientras su familia y amigos daban la vida por la patria.

Desde luego, si existió una postura acomodada frente a la guerra esa no fue precisamente la que adoptó Friedrich personalmente, ni ninguno de los grupos y colectivos más políticamente comprometidos con la causa antimilitarista. Valgan estas últimas palabras como exposición de su postura ante este preciso tema:

También les digo a esos burgueses pacifistas que únicamente buscan luchar contra la guerra mediante caricias, pastas de té y miradas piadosas:

“Luchad contra el capitalismo ¡y luchareis contra todas las guerras!”

Luchad contra el campo de batalla en las fabricas y en las minas, contra la muerte heroica en las enfermerías, contra las fosas comunes. En resumen, ¡la eterna guerra de los explotados contra los explotadores!

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